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Un mercado laboral mermado y deteriorado

Precariedad, parcialidad, temporalidad, bajos sueldos, retroceso en los derechos, indemnizaciones menores por despido, mayores niveles de pobreza y de exclusión social y mayores exigencias en preparación y productividad. Esta es la carta de naturaleza de la última reforma laboral desarrollada por el Gobierno que preside Mariano Rajoy, que ha llevado al mercado laboral al más absoluto deterioro. El rápido cambio en las normas que regulan el mercado laboral español, sin ser negociadas con los partidos políticos ni los agentes sociales, fueron impuestas de forma unilateral bajo los dictados del Ejecutivo comunitario, FMI y BCE. Y, todo, utilizando el ‘paraguas’ de que era la única forma de crear empleo.
Transcurridos más de dos años desde su puesta en marcha (febrero de 2012), expertos, sindicatos, organismos internacionales y hasta los propios afectados por el desempleo y aquellos que han encontrado un puesto de trabajo con las nuevas normas, coinciden en afirmar que la reforma laboral de 2012 ha sido un fracaso rotundo. Los datos avalan este fracaso que ha debilitado y mermado en efectivos al mercado laboral español. La Encuesta de Población Activa (EPA) del primer trimestre de este año arroja una radiografía clara de la situación: el espejismo de una recuperación económica cuyo mercado de trabajo es cada vez más precario y registra altos niveles de deterioro y de desigualdad.
Hasta desde las instancias europeas, el comisario de Empleo y Asuntos Sociales, László Andor, ha empezado a denunciar las desigualdades tanto en empleos como en condiciones laborales en España. Su solución pasa por dar prioridad absoluta en los próximos meses y años a la lucha contra las grandes disparidades en las condiciones laborales, además de “alentar” la creación de empleo. Sus recetas son más inversión, políticas “monetarias y fiscales valientes” y reformas estructurales.